Edición 4

"¿Cómo está avanzando el sector minero en 2018?"

Artículo 2 - Opinión

Por Nicolás López Villegas

Geólogo-Country Exploration Manager Iamgold Colombia.

Perspectivas del Oro en Colombia, Mitos y realidades

Antes de hablar de las mejores prácticas en regulaciones ambientales, seguridad jurídica y como ser un poco más competitivos, quiero tratar de identificar si la minería vale la pena o no ser desarrollada. Para eso es necesario romper algunos mitos que deambulan alrededor de esta actividad económica. Colombia atravesó por un periodo histórico en el desarrollo de la exploración minera (2009-2012), léase bien, exploración, que dejo no menos de 70 Millones de onzas de oro descubiertas en yacimientos de talla mundial y que aún hoy continúan en espera de ser aprobadas para iniciar sus etapas finales. A pesar del importante crecimiento que hemos experimentado en los últimos 10 años en la producción de carbón y petróleo, este último alcanzando la no despreciable cantidad de 1 millón de barriles crudo por año, 2013 y 2015.  Traducido en algo así como en el 50% de lo que produce un gigante petrolero como Venezuela y convirtiendo este par de ítems, de muchos que exporta Colombia, en cerca del 65%* de las exportaciones de Colombia para el 2012, año de mayor actividad minera y mejor precio de “commodities”. Hoy continúa siendo un reglón de suma importancia para la economía colombiana, poniendo cerca del 47,3%* de las exportaciones totales, tengamos en cuenta que el sector agropecuario alcanzo un 7,1%* para 2017. No obstante, a esta relevancia, la actividad minera en Colombia atraviesa actualmente sus peores momentos debido a la inseguridad jurídica que acosa nuestra actividad. (*Datos DANE 2018)

Volviendo a casos de relevancia económica, esto con el objetivo de hacer algunos comparativos, en ningún momento de reemplazar, más bien de comparar, tenemos lo siguiente:

En el tema de las exportaciones Colombia obtuvo para el 2017 cerca de US$2.500 Millones* provenientes del sector cafetero, alrededor de 5 veces menos de lo que se obtuvo por las exportaciones de Ferroníquel ese mismo año. En Colombia hay cerca de 950.000 hectáreas sembradas en café mientras que la mina de ferroníquel tiene cerca de 600 hectáreas, es decir porcentualmente el 0.06%. Sin hablar de los 38 millones de hectáreas que se tienen destinadas para la ganadería y que representaron, tan solo US$ 350 a 450 millones* en exportaciones. Así podríamos hablar de varios casos, pero lamentablemente la minería no está tan desarrollada como lo están otros productos en Colombia. (*Datos DANE, 2018)

Un aspecto muy relevante es que los principales productores de oro del mundo son, en orden de mayor a menor: China, Australia, Rusia, USA, Canadá, South África y Perú. Cuáles son las características que tienen esos países, exceptuando Perú, que son TOP 20, casi todos, en PIB y área. Y que además la cantidad de minas productivas en oro no superan las 20 y que los proyectos futuros en promedio están por debajo de los 20 excepto Canadá que tiene más de 40. Hablando de depósitos de un nivel relevante, más de 1 millón de onzas, esto sin hacer el análisis de cuántos de estos proyectos son económicamente extraíbles, porque hay otro dato, el promedio mundial de cantidad de oro por tonelada en minas de más de 1 Millón de oz de Au está en 1.06 gpt, mientras que los nuevos hallazgos están por 0.52 gpt. Lo que quieren decir estos datos es que muchos proyectos se van a quedar enterrados si la onza de oro no vuelve a tener buenos niveles. Otra variable es que se deben mejorar muchísimo los procesos para reducir costos de operación, eso sin contar que si hay variación en las condiciones tributarias, políticas y sociales, los proyectos no tendrían ningún futuro.

Hoy tenemos un temor muy grande por la “cantidad de áreas” que el estado ha entregado en títulos mineros. De los 114 millones de hectáreas del territorio nacional, sólo el 5% están tituladas para la actividad minera, de las cuales el 2.3% están en exploración, 1.6% en construcción y montaje, y 1.1% en explotación*. (*Datos ANM, 2018)

Los 9.602 títulos mineros vigentes en Colombia abarcan 312 tipos de mineral, clasificados en 8 grandes grupos, según el uso de cada mineral, y su explotación. El más explotado es materiales de construcción 57%, seguido por carbón que representa un 17%, metales preciosos 11%, calizas 5%, minerales Industriales 4%, piedras preciosas 4% y otros metales 2%*. Sin embargo, hay otros datos que dan un panorama menos optimista, desde el momento en que se saca la primera muestra con datos interesantes y esto se vuelve en una mina productiva, pasan 25 años, en promedio, a nivel mundial. Para sacar un proyecto minero a factibilidad de tamaño mediano se requiere haber prospectado y explorado más de 200 y de tamaño mayor más de 1.000, es decir la diferencia entre áreas para exploración y para explotación puede ir entre 200 a 1 o 1.000 a 1. (*Datos ANM, 2018)

La actividad minera consta de 4 partes, necesarias todas, pero independientes en donde el impacto ambiental y social es muy diferente y es ahí donde se debe hacer un llamado al entendimiento para poder ser más ágiles y oportunos:

Prospección: Proceso simple de recorrer las quebradas, caños y ríos, tratando de hacer una caracterización de rocas y tomando muestras de sedimentos con la idea de identificar blancos potenciales. Para esto no se requieren títulos mineros ni ningún otro tipo de permisos salvo la autorización de dueños de predios, debido a no hay ningún impacto, excepto el contratar algunas personas de la zona para ayudar en la toma de datos.

Exploración: Actividad por etapas que busca caracterizar e identificar los yacimientos minerales hasta definir, forma, tamaño y contenido, esto implica hacer muestreos y análisis con algunos impactos mayores que implican la afectación de hasta cerca de 50 m2 cuando se hacen plataformas de perforación, por cada una. Requiere contratos mineros debidamente registrados, ceñirse a las guías minero ambientales dadas por el ministerio desde 2002 y tener al día los permisos respectivos proporcionados por las autoridades ambientales competentes, esto es, concesiones y vertimiento de aguas, aprovechamientos forestales o desde 2010 sustracción de reservas forestales según sea el caso.

Construcción y montaje.

Explotación: Estos dos últimos ya exigen los EIA y PMA que están con todas las regulaciones y controles necesarios porque esto es lo que realmente impacta, pero hoy las tecnologías permiten unos procesos muy limpios.

En este sentido y entendiendo estas grandes diferencias es donde la empresa minera quisiera que las autoridades ambientales hicieran, de igual manera, la diferenciación respectiva en las exigencias y trámites y se pudieran convertir en entes más eficaces y oportunos. Considero que hoy toda la necesidad se traduce en celeridad en el proceso y practicidad dada la actividad que se desarrolle.

Hay una diferenciación a nivel país de áreas excluidas y restringidas para la minería:

1. Área del territorio colombiano: 114.17 millones de Ha.

2. La Ley 2ª de 1959 creó siete zonas de reserva forestal, con una superficie total de 65.2 millones hectáreas, de las cuales 51.3 millones siguen perteneciendo a dicho régimen. En las zonas de reserva forestal hay zonas urbanas, áreas intervenidas, y cerca de 6 millones de has. que no son de bosque.

3. 17.2 millones de ha del Sistema nacional de áreas protegidas como son Parques naturales, reservas forestales nacionales, áreas de protección nacional, áreas de protección local.

4. 35 millones de ha en resguardos indígenas y comunidades negras gran parte de estas dentro de las zonas de reserva.

5. 350.000 en paisaje cultural cafetero.

6. Y ahora Cerca de 10.5 Millones en nuevas áreas de protección ambiental donde la minería sería prohibida luego de finalizar con los estudios exigidos por ley.

A esto se le adicionan una gran cantidad de iniciativas locales como son reservas de recursos naturales, distritos de manejo integrado, hasta  acuerdos municipales y consultas populares que buscan prohibir la minería como actividad en municipios que se quieran poner de acuerdo con su gobernante de turno, lo cual genera absoluta inseguridad jurídica por cuanto  estos acuerdos locales de restricción a las actividades mineras ni si quiera se han ceñido a la ley, no han sido reglamentados ni tampoco han tenido los estudios técnicos, sociales y económicos que los avalen.

Es importante que las políticas ambientales tengan la misma interpretación a lo largo y ancho del país, vemos como cada corporación tiene su propia idea de la norma y la aplica de manera diferente lo cual causa serios trastornos en la celeridad y oportunidad.

Colombia tiene una gran oportunidad de inversión para la exploración, a pesar de una desaceleración fuerte entre 2012-2016, el 2017 fue más optimista.

En el mundo los grandes productores tan solo tienen un máximo de 20 minas y los ejemplos son claros en la intervención, por ejemplo:

  • Australia tiene el PIT más grande del mundo con 371 ha intervenidas y con recursos minerales de más de 10 M de OzAu.
  • Nueva Guinea con su proyecto Lihir, con 56 M de onzas de oro y un PIT de 211 ha.

Es decir, un PIT de gran envergadura podría estar según estadísticas de depósitos mundiales entre 200 y 450 ha y si la exploración en Colombia es efectiva podríamos encontrar 10 en los próximos 10 años lo que nos daría un área intervenida total de máximo 4.500 ha y con todos los servicios necesarios cerca de 7.000 ha, es decir el 2% del paisaje cultural cafetero; o el 0.01% de las actuales reservas forestales o el 0.02% de las actuales áreas de pastos para ganadería.

Sin embargo, si estas minas entraran en producción podríamos hablar de unas divisas cercanas a US$7.000 millones anuales, es decir cifras muy similares a las que hoy nos posicionan con el carbón y esto solo hablando de oro.

La invitación que les hago es que rompamos tanto mito, hoy la minería se lleva con grandes estándares sociales y ambientales. Es un patrimonio de los países desarrollados y nosotros tenemos la posibilidad de entrar a jugar en las grandes ligas, pero debemos dejar prosperar las bases que son simples actos de exploración con un impacto ambiental mínimo totalmente mitigable y controlable. Sin contar con que los procesos productivos tecnológicos han tenido grandes avances y juegan a favor de la minería bien hecha.

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