Edición 5

"¿Cómo se está comunicando la minería?"

Artículo 1 - Opinión

Por Nicolás López Villegas

Geólogo-Country Exploration Manager Iamgold Colombia.

El Panorama Aurífero Colombiano

La producción de oro en Colombia hasta el año 1982 fue la mayor producción histórica del mundo, a partir de esta fecha aparecen los grandes yacimientos de oro, los ‘giants’, alto volumen bajo tenor, a partir de este momento el país sale del radar de producción aurífera. Hasta 2017, según estadísticas Colombia ha producido desde 1537, cerca de 3,140 toneladas de oro, cifra importante, manteniendo una producción en los últimos años que se ha incrementado desde las 48 ton. En 2009 se registraron más de 60 ton en los últimos años, la mala noticia es que alrededor del 80% de esa producción es ilegal, a tal punto que el año pasado ésta disminuyó en un 34% debido a la ofensiva y la extracción criminal.

El proceso de la actividad minera del oro es cíclico, está fuertemente relacionado a su precio, teniendo sus mejores momentos entre el segundo semestre de 2009 hasta 2012. Con cifras en exploración anuales superiores a los US9,000 millones, cogido de la mano, obviamente, a los precios de la onza por encima de los US1,800; para este momento y en este boom, aparecen cerca de 1.800 empresas Junior en el mundo, 68 en Colombia que hacen que la actividad exploratoria se incremente y al final del 2012 tengamos resultados relevantes en esta materia. Contamos con un mayor conocimiento geológico y potencialidad de oro y metales en el territorio Colombiano.

Más de 70 millones de onzas se descubrieron e identificaron con proyectos de talla mundial. Hoy ya no nos referimos al potencial geológico colombiano, como la prolongación de los cinturones peruanos o ecuatorianos. Ya nuestro potencial es identificado, el Instituto Fraser nos califica como el segundo mejor país en América Latina con potencial geológico luego de Perú, sin embargo, de estos proyectos evaluados sólo dos han pasado a etapas de construcción y montaje luego de obtener los diferentes licenciamientos, ya la situación no es tan promisoria; esa inversión en exploración global de US9.000 millones en el auge bajó cerca de US3,000 en el 2016. El 2017 ha sido un año con positivo en todos los factores, cercano al 22%, en este sentido se presenta de nuevo una importante alternativa para continuar identificando, mejorando la actividad minera en el país, ya que realmente, Colombia tiene potencial.

Hay cifras importantes para resaltar, una gran declinación en el descubrimiento de nuevos proyectos a nivel mundial. En 1991, el tenor promedio de los yacimientos estaba en 1.2 gpt, para el 2015 este promedio bajó a más de la mitad, es decir, está en 0,52 gpt.

Las reservas a nivel mundial han disminuido un 17 % entre 2013 y 2016. Los recursos se han reducido entre un 14%, eso significa que se presenta un déficit en el tema del oro a nivel mundial, por lo tanto,  Colombia se presenta como una alternativa relevante.

Durante los últimos 30 años hemos vivido situaciones complejas, en los años 90 e inicios del siglo XXI, el orden público era el principal factor anticompetitivo del país, sin embargo, los que estuvimos en el negocio, solucionamos de alguna forma con acuerdos y convenios. Junto a las Fuerzas Militares, se lograron  identificar potenciales mineros, lamentablemente la caída estrepitosa del precio del oro a finales de los 90´s fue de US$250 la onza e hizo que se bajara la guardia y se entrara en un stand by.

Luego de esta época oscura, viene un momento de confianza inversionista y seguridad democrática que impulsó la actividad a partir de 2003. Con la entrada de importantes jugadores, llegando a su auge en 2009-2012, en donde el tema social y ambiental era pilar fundamental de la actividad, las empresas entraron a trabajar con las comunidades de la mano, con procesos productivos de sostenibilidad y sustentabilidad, se entendió que la marcha de la actividad minera industrial se lograba con las comunidades y el desarrollo local.

Así mismo, las mejores prácticas se pusieron a caminar y hoy Colombia ingresó a grandes ligas como la OCDE, en donde se demostró que el clúster productivo, con mayores estándares en temas sociales y ambientales es el minero. Así lo han entendido las empresas que hoy están en la actividad, pero, cabe resaltar qué, hoy tenemos potencial geológico y empresas con elevados estándares para ejecutar la actividad en sus diferentes fases: exploración y explotación.

A partir de 1997, con el gran escándalo de la ‘Bre-X’, se empezó a controlar de alguna manera, la información geológica para evitar especulación con los yacimientos, hoy esas prácticas están estandarizadas con códigos como el JORC de Australia o el CIM de Canadá. Instrumentos de información como el NI 43-101, adoptado para generar la información pertinente de los proyectos mineros. Colombia hoy está buscando homologar con un código similar tal certificación de recursos, pero aún falta mucho.

Estos últimos años 2012-2016, además de haber disminuido la inversión extranjera por pérdida de credibilidad en temas mineros, también por la baja en el precio de la onza. La percepción política del país cayó hasta los últimos lugares en América Latina, según el mismo Instituto Fraser, solo superado por Venezuela, Ecuador, Guatemala y Bolivia, ésto debido precisamente a que los problemas de competitividad en Colombia no están dados por el potencial geológico, sino por las prácticas minero ambientales, por el trabajo social y hasta reputacional. Hoy el principal factor que nos está sacando del panorama es el mismo gobierno desde sus diferentes ramas.

Por su parte, la inestabilidad jurídica en derechos adquiridos, la poca definición en temas ambientales, zonas restringidas y zonas prohibidas, como también el manejo de las corporaciones autónomas regionales dan a su autonomía, donde se desconoce al ser humano y su supervivencia como parte fundamental del medio ambiente y su desarrollo.

En especial, es el poder que las altas cortes  les ha dado a las autoridades locales para decidir sobre los bienes del estado, que obviamente, cuando la reforma a las regalías quitó el 87% que van dirigidas directamente a los municipios productores para ser llevados a una gran bolsa y ser distribuido en todo el país para proyectos a municipios productores o no productores, ha dejado la actividad sin armas para su promoción local.

No es claro para las cabezas judiciales la relevancia de la actividad extractiva en Colombia, las cifras son muy claras y es fundamental un apoyo de los diferentes poderes para que la actividad extractiva permanezca con el posicionamiento y fuerza que merece.

El Instituto Fraser nos califica como el segundo mejor país en América Latina con potencial geológico luego de Perú, sin embargo, de estos proyectos evalúados sólo dos han pasado a etapas de construcción y montaje luego de obtener los diferentes licenciamientos, ya la situación no es tan promisoria.

Si hoy revisamos el modelo económico y de igualdad que todo el pueblo colombiano espera, basados en ejemplos exitosos a nivel mundial como es el caso de los países nórdicos (Noruega, Suecia, Finlandia etc), donde su  modelo de bienestar es brindar asistencia sanitaria universal y educación terciaria gratuita a sus ciudadanos, como todos queremos, pero cuya economía tiene sus principales pilares en la actividad extractiva: petróleo y minerales, lo cual no puede ser desconocido y aprovechado.

Para ser competitivo debemos replicar las mejores prácticas en temas mineros como las recientemente adoptadas por Perú, Chile y Ecuador, por ejemplo:

1. Régimen tributario que favoreció la inversión: Hoy en Colombia tenemos incentivos como obras por impuestos, o los famosos CERTS que también son incentivos tributarios, para aquellos que aumenten la inversión para exploración y/o explotación, lamentablemente seguimos con uno de los mayores “Government take” de Latinoamérica, para lo que se requieren mejores condiciones.

2. Contratos de estabilidad jurídica: Existieron en el pasado y apoyaron de manera adecuada aquellas inversiones que superaban los $1,000 millones, es notable que si se va a hacer inversiones en actividades de mediano a largo plazo, entendamos que los proyectos mineros se viabilizan bajo una esperanza de vida no menor a 10, años donde los flujos se hacen con algunas variables pero el tema impositivo no puede ser una de ellas, las inversiones para proyectos de mediana escala no son menores a los US500 millones, por tal se requiere estabilidad jurídica.

3. Revisión de la normatividad minera y ambiental: En Colombia ha habido un proceso lento en la titulación y todos los tramites mineros, se ha avanzado en los últimos meses, pero aún en departamentos como Antioquia que manejan cierta autonomía al respecto continuamos estancados. Es posible que una reforma al código de minas que incluya todos los vacíos que hoy permiten toda esta imaginación jurídica personal que está paralizando y obstaculizando el buen ejercicio minero sea la solución.

En temas ambientales, si hay una completa desincronización entre el Ministerio de Medio ambiente y las corporaciones autónomas, cada región define sus prácticas independientemente, pero, dependemos del dirigente de turno, por otro lado, el principal problema de competitividad que tenemos en la regulación ambiental es la falta de celeridad en todos los tramites, incluso, en los más simples procesos y tramites que pueden retrasar la actividad, no en meses o en años. La preocupación de las empresas no es el requisito, es el tiempo de respuesta y la incoherencia entre el requisito mismo y la actividad para la cual se pide, no es para nada halagador.

4. Desarrollo de centros de excelencia minera y ambiental: Al menos este proceso ya está en evaluación, más que como en los otros países buscando mejorar las prácticas y conocimiento en temas mineros específicos, buscando un lugar que genere conocimiento en política pública, entorno social, manejo ambiental y con comunidades, primero porque aún no somos el país minero que queremos ser y segundo porque tenemos que socializar la actividad minera para que se entiende en su buen funcionamiento, esto logra posicionarse como una actividad de marca y no como el demonio que hoy pretenden comunicar.

Todo este ejercicio es necesario y fundamental, para tener las reglas claras y estables que den seguridad y confianza al inversionista, entendamos que los capitales en el sector minero son de altísimo riesgo y en este sentido, en Colombia, los grandes jugadores son externos, por tal debemos darles la alternativa para que Colombia sea y esté dentro de sus principales escogencias.

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