Edición 6

"La transformación y modernización de la minería en Colombia"

Artículo 3 - Opinión

Por Nicolás López Villegas

Geólogo-Country Exploration Manager Iamgold Colombia.

Oro en Colombia: un continuo reto

La minería en Colombia ha estado enmarcada por diversos protagonistas, antagonistas, circunstancias, así como pasajes positivos y negativos que la hacen controversial. Lo cierto es, que, gracias a la falta de información verídica, esta actividad es considerada un “demonio negro” que solo busca la depredación de los ecosistemas, el caos social y ambiental de las zonas donde se proyecta.

Sin embargo, para quienes la trabajamos, la entendemos y la defendemos se nos hace uno de los polos de desarrollo, compromiso social, ambiental y económicos más importantes para Colombia, pero aun así, no sé a explorado sin tener en cuenta el potencial que tendría, lo cual se podría lograr con el aporte de grandes capitales económicos, provenientes de empresas que estén interesadas en apostarle a este reto, a quienes les retornarán sus beneficios luego de años de trabajo, ciencia, sacrificio y comunidad.

La desinformación acerca de la minera, -cuando nos referimos a la actividad minera- hace que el Gobierno y todas sus ramas: ejecutivas, legislativas y judiciales, tomen decisiones contrarias, las cuales que se enmarcan en un absoluto desconocimiento. Es por ello, que se debe entender la minería como una acción bien hecha, tecnificada e industrial, ya que, gracias a la poca comunicación de la actividad, a llevado a tal punto que sea común el decir “se prohíbe la minería en… ciertas zonas de protección ambiental”, como lo manifiestan las altas cortes, “se prohíbe la minería en… zonas municipales por arraigo agropecuario o turístico”, como lo dicen las autoridades locales de algunas territorios.

La prohibición de una actividad lícita es la respuesta a la incapacidad de las autoridades a controlar dicha actividad, o en el peor de los casos al desconocimiento que se tiene sobre las competencias y los diferentes órganos de regulación que tiene el país como la ‘ANLA’, Ministerio de Medio Ambiente, Ministerio del Interior o las Corporaciones regionales.

En algún momento se dijo por ahí, que la minería solo la ejecutaban las grandes potencias en países subdesarrollados y que volver a Colombia minero (extractivo) era volver a la época de la colonia, este tipo de afirmaciones como muchas otras, solo llenas de impresiones, son las que van socavando la credibilidad de una actividad que, para el país aporta más del 60% de las divisas.

Primero: los grandes productores de oro del mundo son importantes potencias: China, Australia, Rusia, Estados Unidos, Canadá, entre otros, segundo: la industria minera ha evolucionado a la par de la ciencia y la innovación tecnológica, como la mayoría de los procesos industriales, no en vano una de los “clusters” productivos con mejores estándares sociales y ambientales en la actualidad es el minero, dicho por los mismos miembros de la ‘OCDE’, organización a la cual Colombia pertenece orgullosamente desde el año anterior.

Algunas empresas que han entrado al país -solo hablemos de este siglo-, han invertido ciento de millones de dólares en la exploración, como resultado real, han habido inversiones locales representativas, generación de empleo, creación de conciencia y de valores agregados, lamentablemente, todo no se ha hecho de la mejor manera y algunos resultados no han sido los mejores, esto dado por un inadecuado manejo de las expectativas y de la información, lo que lleva a que los protagonistas pasen por villanos y los antagonistas logren ese ruido ensordecedor que  nuevamente menoscaba la confiabilidad y credibilidad en la actividad minera.

Lo cierto es que al final se ha logrado un conocimiento importante del potencial aurífero del país, se han identificado los corredores más promisorios y los recursos han pasado a ser una realidad de talla mundial, pero, aclarando que aún permanecen en el subsuelo y falta mucho aún para lograr su extracción productiva ambiental y socialmente responsable. Esto debido a que todavía faltan por surtir varios pasos de la regulación minera, ambiental del país, como la voluntad política de sus representantes para entender el gran polo de desarrollo que tenemos bajo los pies.

Por su parte, esto en contra respuesta al hecho que el colectivo no entiende del primer paso en la cadena, la exploración requiere grandes esfuerzos, dinero, talento, ciencia y comunidad sin retorno financiero alguno, aunque los recursos se mantienen en el interior de la tierra sin generar valor económico, eliminando la creencia que cuando las empresas perforan en su búsqueda metódica ya están extrayendo el mineral, llevándoselo a escondidas y saqueando el territorio.

Debido a un incremento en el interés exploratorio en Colombia entre 2009-2012, surge la duda sobre la realidad versus la especulación, en este sentido el Gobierno de esa época decidió hacer ‘re-ingeniería’, reorganizar la casa, desarrollar la imaginación y evitar que el negocio se volviera particular y privado, es por ello que el estado no podría dejar de ser el participante principal. Es por ello que se inició en el país una etapa de suspensión legal minera, que se ha mantenido por varios años y solo se ha ido destrabando de manera lenta en los últimos meses, Antioquia continúa con ese letargo que hace que la minería transite por vías pedregosas sin movilidad alguna, sin embargo, los que han podido gozar de títulos registrados antes de esta década han tenido cierto margen de maniobrabilidad que ha permitido el desarrollo y evolución de algunos proyectos.

Sin embargo, entrar a jugar como un nuevo actor se hace por ahora casi imposible, debido a la dificultad de obtener un título minero por los procedimientos y trámites que se deben presentar como el protocólo impuesto por la Agencia Nacional de Minería, que requiere concertaciones y audiencias públicas en territorio con autoridades locales que hoy sí son de la línea anti minera. Por lo parte, estos requerimientos son imposibles de lograr ya que adicionalmente, la última reforma de regalías deja a los municipios productores sin ese rubro, por lo tanto, hace que ese bien productivo les sea ajeno y en muchos casos despreciable.

Como en cualquier proceso, este requiere de estrategia, un plan y una ejecución, debe haber una revisión periódica que permita evaluar los resultados y redireccionar sin orgullos los caminos para encontrar al final el resultado que beneficie a todos los participantes, hoy la discusión no se centra en sí se hacen las cosas con la suficiente responsabilidad ambiental, social o técnica. Encontrar los yacimientos no son el principal reto, los geólogos dejaron de ser protagonistas, hoy, el principal reto por trabajar es el mismo Gobierno colombiano en todas sus instancias a quien le falta compromiso, conocimiento y voluntad para desarrollar este importante polo de crecimiento y riqueza.

Finalmente, la minería es un reto muy grande en cualquier región del mundo, cada país tiene su propia visión al respecto y es función nuestra dar una clara imagen y perspectiva. Una de las mayores fallas al entrar en territorio es la información, el qué, cómo y cuándo se comunica. Ser claros, transparentes porque finalmente ésta actividad productiva genera desarrollo que se debe planificar, controlar y comunicar adecuadamente desde el principio, para así entender que si los resultados iniciales exploratorios no son positivos para las empresas, la salida del territorio puede ser aún más traumática. Como mencioné en algún momento, uno entra al negocio con muchos sueños, pero se despierta con muchas pesadillas, no es fácil, pero estamos convencidos que la lucha hay que continuarla y que con voluntad de todos los actores: Estado – Empresa – Comunidad, las satisfacciones, desarrollo y logros, serán muchos.

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