Edición 8

La Minería del oro en la historia de Colombia

Si preguntáramos por los referentes de la historia económica de Colombia, de inmediato aflorarían alusiones al café, la industria textil, la producción de alimentos o la caña de azúcar. Pocos referenciarían el rico pasado minero de nuestro país. Ignoramos, por ejemplo, que al menos durante cuatro siglos el oro fue nuestro único producto de exportación constante. Antes del café, la industria textil, o la producción de alimentos, la explotación aurífera fue una actividad dominante en la economía de lo que hoy es Colombia.

Desde el siglo XVI y hasta bien entrado el XIX, la economía del otrora Nuevo Reino de Granada giró en torno a la producción de oro. Lo que hoy es nuestro país era reconocido en el mundo por la producción del metal aurífero; la misma que ha sido determinante en la configuración histórica y social de distintas regiones de la geografía nacional. En la historia de Colombia, entonces, la minería del oro ha sido protagonista.

Entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se comenzaron a notar cambios en el modo de producción aurífera del Nuevo Reino de Granada, uno de los virreinatos de la América española. Dichos cambios se justificaron, en gran medida, por un asunto técnico. La minería del periodo colonial en el Nuevo Reino fue esencialmente de aluvión. A pesar de los intentos de modernización, propios del siglo XVIII, ese tipo de minería continuó siendo dominante. Con técnicas rudimentarias se logró mantener un nivel de producción que en las últimas décadas del dominio colonial español fue en ascenso.

Es claro que la minería de lo que hoy es Colombia era diferente a la andina o la novoshispana. Por las características de los yacimientos, se desarrollaron sustanciales diferencias en relación con esos emporios mineros de América. En el Nuevo Reino de Granada se extraía oro (no plata), fundamentalmente de aluvión. Esto explica por qué no se construyeron los complejos montajes propios de lugares como Potosí, en el virreinato del Perú; o Zacatecas y Guanajuato, en la Nueva España, actual México. Montajes que exigían una inversión técnica considerable.

De igual manera, en el Nuevo Reino de Granada no se usaba el azogue, elemento de primer orden para amalgamar el metal en Mesoamérica y en los Andes. Con instrumentos y herramientas muy sencillas (bateas, canalones, almocafres, barras, cachos y jagueros, entre otros) se podía extraer el metal.

La inversión en la minería aurífera de las provincias mineras del Nuevo Reino de Granada se concentraba en la mano de obra. Y esta podía ser esclava o libre, también conocidos como mazamorreros, o barequeros.

Todo ese contexto cambió en el siglo XIX. La apertura que generó la Independencia posibilitó la llegada de inversión, técnicas y conocimientos que fueron aplicados a explotaciones auríferas de veta. Molinos de pisones, técnicas de fundición, la amalgamación con mercurio, las dragas para ríos, los monitores hidráulicos o las máquinas de vapor, se utilizaron durante el siglo XIX, y estas convivieron con las rudimentarias técnicas propias del periodo colonial en la minería de aluvión.

Estos cambios fueron evidentes a partir de la década de 1820, y se inició entonces una era de explotaciones auríferas de veta, que nuevamente posicionó al territorio de la actual Colombia como uno de los principales productores de metal en América. La frontera minera se abrió en diversas direcciones. Se explotaron yacimientos de veta y de aluvión, con lo que las posibilidades de obtener oro fueron mucho más abiertas en el siglo XIX.

Todo ello generó experiencia en las élites y empresarios que se vincularon con las labores mineras. Tal experiencia les permitió valorar el conocimiento, las técnicas modernas y la inversión. Mucho antes de la llamada “industrialización”, propia de las primeras décadas del siglo XX, hubo una temprana mecanización de la producción en la minería del oro y el procesamiento de este metal.

En Antioquia, por ejemplo, ese proceso se sintió con fuerza en la segunda mitad del siglo XIX, antes de la creación de grandes compañías textileras, o las dedicadas a la producción de bebidas y alimentos. Fue ese el contexto en el que surgieron laboratorios de fundición y ensaye, como el de J.V. & H., que abrió sus puertas en 1880, en Medellín.

Innovaciones técnicas en la minería del oro, como el molino de pisones (1825), las técnicas de fundición (1851), el monitor hidráulico (1878) y la draga para los ríos (1888) se explican por esos proyectos de fomento minero que afloraron desde tiempos de la Independencia, algunos inspirados en proyectos coloniales, casi todos ellos fracasados, y que estaban presentes en diferentes esferas del sistema colonial.

Tal interés, ya en tiempos republicanos, también hizo parte de los esfuerzos de gobernantes, élites, empresarios particulares y extranjeros, que contribuyeron a la valoración de la técnica, la inversión y la difusión de conocimientos mineralógicos de avanzada.

En ese sentido, vale la pena destacar la presencia de suecos, franceses o ingleses, con una formación técnica y un interés en los minerales del país y en la forma de explotarlos de manera racional. Ellos lideraron tempranos esfuerzos por modernizar la minería en el recién creado Estado Nación.

En 1825, por ejemplo, el sueco Carlos Hauswolff arribó a Cartagena con su compatriota Pedro Nisser, ingeniero. Se desplazaron a Antioquia. Poco después llegó a Medellín otro sueco, Carlos Segismundo de Greiff, quien levantó varios mapas, y abrió caminos útiles. Elaboraron informes y cartografías mineras, de gran valor. Tenían la intención de traer al país hierro y acero suecos, e invertir en minas.

También en la década de 1820 llegó a Colombia el ingeniero ingles James Tyrell Moore, formado en Sajonia, y que introdujo el uso de molinos de pisones en la minería de veta. Los mismos que se utilizaron en minas de Marmato y de Antioquia. Moore implantó importantes avances técnicos en las minas de Antioquia y se radicó en esta provincia por casi 25 años. Luego se trasladó a Bogotá. En la década de 1830 Alejandro Jhonson, Eduardo Walker (ingleses), y Carlos Degenhardt (alemán), trabajaron activamente buscando minas y mejorando las técnicas de explotación en Antioquia.

La minería del oro fue una verdadera escuela de formación, en la que no solo participaron extranjeros. También mineros locales participaron de todo ese proceso de mejoramiento técnico. Se destacan, por ejemplo, personajes como Vicente Restrepo, Manuel Uribe Ángel, Tulio Ospina o Camilo Antonio Echeverri, para citar tan solo algunos de ellos.

Todavía hoy en día en algunas regiones del país la minería del oro sigue siendo vital para la economía y las sociedades locales. Es preciso tener presente esa dimensión histórica, de fuertes vínculos con el oro, que hace parte del pasado nacional y que no puede negarse.

Autor: César Augusto Lenis Ballesteros
Profesor Asociado Universidad de Antioquia

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